sábado, 9 de octubre de 2010

La poesía de Concha García se instala en Argentina


Concha García es una poeta leída dentro y fuera de España. Prueba de ello es la publicación en Buenos Aires de una antología de su obra. Un brillo del no y otros poemas aparece bajo el sello de Ediciones en Danza y cuenta con un prólogo de Diana Bellesi.

martes, 29 de junio de 2010

Recital poético 'Voces de la Patagonia en Barcelona' con la poeta Liliana Campazzo


El próximo día miércoles 7 de julio a las 20.30, la poeta y escritora de la Patagonia argentina, Liliana Campazzo, dará un recital poético en el Laboratorio de Escritura (c/Escorial 11). La presentación estará a cargo de la poeta española Concha García. La actividad es gratuita y es necesario confirmar la asistencia al teléfono 93-213-94-89 o al email info[arroba]laboratoriodeescritura.com. Aforo limitado.

Liliana Campazzo
Docente, bibliotecaria, coordinadora de talleres de escritura, talleres de Educación por el Arte, talleres de promoción de la lectura. Miembro de la comisión de Encuentro de Escritores Patagónicos 2002, 2004, 2006, 2008 Puerto Madryn. Participa activamente de diversos proyectos de literatura en las provincias de Chubut, Río Negro, Santa Cruz y sur de Chile.
Artista Plástica, recibió menciones provinciales en 1990, 1992 en Pintura.
Realizó muestras colectivas en la región patagónica, en 1997 hizo su primera muestra individual Los Venenos, en Viedma.

Obras publicadas:
Firme como el acaso – Fundación Banco Provincia de Neuquen 1991
De no poder – Feminaria revista de Creación para Mujeres 1992
Las Mujeres de mi casa - Patagonia Poesía Aisén –Chile 1998
Quieta para la foto – edit. Simurg Buenos Aires 2003
Las voces de escritoras de la Patagonia – Ensayo-
Asociación Culturas del Sur del Mundo Chiloé 2004
Yuyo Seco – Editorial Limón, Neuquén, 2006
Escritos en el vidrio- los poemas del después- Editorial Lantodemudo- Córdoba

Fuente: laboratoriodeescritura.com

lunes, 26 de octubre de 2009

Jornada poética

POÈTIQUES DE TARDOR
Sabadell, 31-X i 1-XI de 2009

Montserrat Abelló // Màrius Sampere
Chantal Maillard // Concha García


DISSABTE 31 D’OCTUBRE
Casa Taulé
9:45 Presentació
10-11 1ª sessió: Concha García
12-1 2ª sessió: Màrius Sampere

TARDA
5-6 3ª sessió: Chantal Maillard
7-8 4ª sessió: Montserrat Abelló

DIUMENGE 1 DE NOVEMBRE
Auditori de la Biblioteca Vapor Badia

12 h. Recital de poemes dels autors
a càrrec de Rosa Renom i Jordi Boixaderas
Intervencions musicals:
Montse Munill, flauta
Rosa Navarro, violoncel

martes, 7 de julio de 2009

Nuevas notas sobre 'Acontecimiento'

Antonio Ortega, en Escuela de Letras, ha publicado el siguiente artículo sobre el último poemario de Concha García, Acontecimiento.


El extraño mecanismo de lo cotidiano


Una cosa es inventar y otra crear. Nunca como hasta hoy en día la invención y la técnica han sido tan pujantes, ni nunca antes han tenido tanto poder: sus proezas y descubrimientos son sorprendentes incluso para aquellos que las conciben, y su rapidez, ingenio y dominio son evidentes también para quienes no quieren verse afectados por sus resultados. Parece que los límites en retroceso del universo amenazaran la sustancia y la esencia misma del yo, del individuo, el secreto mismo del hombre, pues lo virtual prima en nuestras jornadas sin fin y sin relieve. Ante el abismo y la oscuridad difusa de un ensimismado presente científico y productivo, en el que “encontrar es producir”, George Steiner declara, en Gramáticas de la creación, la necesidad de recuperar precisamente eso, una gramática entendida como “la organización articulada de la percepción, la reflexión y la experiencia; la estructura nerviosa de la conciencia cuando se comunica consigo misma y con otros”.

domingo, 15 de marzo de 2009

Concha García en palabras de María Castrejón y David Castillo

Concha García nos trae dos nuevos artículos en los que se habla de su último poemario Acontecimiento (Tusquets, 2008). Uno es una entrevista que le ha hecho María Castrejón, el otro es una crítica de David Castillo, aparecida en el diario Avui. Os dejo aquí los enlaces.


Entrevista de María Castrejón:

Con motivo de la redacción de mi último ensayo, La cama donde te imaginas, que será publicado por la editorial Egales en primavera, me puse en contacto con la personalísima y necesaria poeta Concha García, que acaba de sacar a la luz su último poemario Acontecimiento (Tusquets, 2008). Para mí ha sido un honor y ella fue tan amable de contestar a estas preguntas que espero que os lancen en picado a toda su obra.

1. Empiezas a escribir en un momento convulso de la historia de España, en un momento en el que la estructura sociopolítica se ha derrumbado y es un campo abierto para la reconstrucción. ¿Esto es definitivo para tu forma de expresión basada en la ruptura y la re-creación?

Sí. Aunque no era del todo consciente del cambio que iba a protagonizar en mi propia vida. Como mujer el destino me tendía su trampa, la de casarme y tener hijos. Yo me fui pronto de casa, con veintipocos, dejando el ajuar y el novio para irme a otra cosa, así que ahora pienso que fui bastante valiente porque tomé la decisión de ambicionar otras cosas para mi vida, tenía una gran curiosidad. p. Fue la curiosidad como te digo y la insatisfacción las que me sacaron de la casa familiar y de aquel novio. Escribir era lo que yo quería hacer y esa tarea no era de mujeres casadas y menos de mujeres de clase media que debían atender al marido y los hijos. Precisamente la publicación de mis primeros libros causó que algunas críticas feministas miraran mi obra con interés, pero la recepción de estos libros a principios de los noventa solo fue entendida como rupturista por un grupo reducido de críticos y denostada por muchos otros.

Desde Estados Unidos la crítica Sharon K. Ugalde (1995) atinó al respecto de la ruptura que mi poesía estaba provocando en ese momento analizando mis primeros libros: Otra Ley (1987), Por mí no arderán los quicios ni se quemarán las teas (1986), Ya Nada es rito (1988) y Desdén (1990). Contestando a tu pregunta recuerdo una frase que decía : “la poeta forja su visión a partir del desdén íntimo que siente por todo un sistema socio-psicológico patriarcal que prescribe un comportamiento femenino sofocante para la mujer”.



Crítica de David Castillo en Avui:


Dins el circ itinerant
La longitud de les paraules
La poeta Concha García publica el nou llibre, 'Acontecimiento', a Tusquets. Un nou pas endavant en el seu ofici de poeta, en el viatge


David Castillo

Mes de vint anys avalen la trajectòria poètica de Concha García, des del ja llunyà Por mi no arderán los quicios ni se quemarán las teas, que la va col·locar com una de les veus renovadores de la poesia dels vuitanta. L'escriptora ha buscat un angle personal de captar la realitat des de la paraula, com si la vivència fos la matèria primera del vers, com si el vers fos un pretext per viure.

Més de vint anys de militar en l'activisme de la paraula, de transformar el dolor i la bellesa en estrofes, de resumir els cops i les alegries de la vida en instantànies plenes de música, testimonis precisos de l'ofici. Un nou pas en la seva evolució, amb veu i llum pròpia, és Acontecimiento, que ha publicat a la selecta col·lecció Marginales, dirigida per Antoni Marí a Tusquets.


sábado, 6 de diciembre de 2008

Ya a la venta 'Acontecimiento', el último poemario de Concha García


¡¡YA A LA VENTA!!



Texto promocional:


"Articulado en dos partes, que agrupan una sucesión de instantáneas cotidianas, el libro culmina con un poema extenso, Traslado, que dota al conjunto de un carácter narrativo y recoge la pequeña peripecia urbana de un día cualquiera. En esos fragmentos de realidad subyace una idea de la errancia como una forma de estar en el mundo."


ISBN: 978-84-8383-105-2

lunes, 19 de mayo de 2008

Recorte de prensa

Barcelona celebra estos días el Festival de Poesía. La poetisa Concha García ha aprovechado la ocasión para participar en la iniciativa demostrando que su filosofía de trabajo está más allá de los grandes homenajes y de los multitudinarios recitales que se ocupan sobre todo de la poesía europea. García ha contado con la presencia de cuatro poetas que han leído sus poemas en el Palau de la Virreina.

EL IMPARCIAL. Madrid
(17-05-2008)

El cuarteto de poetas, formado por Jesús Aguado (1961), María Salvador (1986), Miriam Reyes (1974) y Luis Marigómez (1957), no defraudó. Aguado, de Málaga pero residente en Barcelona, cuya obra poética es una de las más importantes de su generación, fue ganador del premio Hiperión en 1990 con "Los amores imposibles". Su labor de antólogo, sobre todo de la poesía de India, es una de las más destacables actualmente.

Salvador, una autora joven granadina que sorprende al revela en su primer libro, "El origen de la simetría", los fragmentos rotos de una sociedad violenta. Reyes, de Orense, también radicada en Barcelona, es autora de tres poemarios que han roto los esquemas de la poesía más joven por la tensión que construye y la manera en que pone en duda la subjetividad femenina.

Marigómez, excelente narrador, acaba de editar su libro de poemas "Año en la editorial Icaria". Ha traducido la poesía de Margaret Atwood, John Ashbery, Flanery O’Connor. En esta convocatoria cada una de las voces, distinta y singular, consiguió dar a la ciudad de Barcelona un matiz poético que se encabalga con otros muchos actos.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Concha García: influencias, referencias y background

Todo escritor reconoce estar marcado por unas influencias. Cuando preguntamos a algún novelista o poeta quiénes son sus referentes, recibimos como respuesta una larga lista de nombres y títulos. Hay una frase que nos viene bien al caso, y es esa que dice que cada uno es lo que lee, lo que ve y lo que vive. Es decir, nuestro carácter -personal o literario- viene marcado por unas experiencias vividas, ya sea el haber leído un libro, haber visto una película o haber experimentado ciertas aventuras. Así, uno puede hacer frente al presente y al futuro. Se trata de lo que en inglés se denomina background o, dicho en nuestra lengua, el bagaje de cada uno.

Y nuestra poeta, Concha García, no es menos. Si le preguntamos cuáles son sus referentes, nos dirá, en primer lugar, que no solamente se limitan a la literatura. Nos dirá, por ejemplo, que en su adolescencia leyó tanto cómics como fotonovelas, que eran un "vehículo retrógrado para transmitir el culebrón del amor romántico". Además, afirma estar marcada por algunos pintores, como Remedios Varo, Edward Hopper, Frida Kahlo o los pintores flamencos... No duda en decir que es una seguidora de cantantes como Patty Smith, Janis Joplin, Leonard Cohen, Lou Reed, Laurie Anderson, además de la música clásica o la brasileña. Todo ello ha ayudado a forjar ese carácter literario con un estilo tan personal.

Y, evidentemente, no podemos obviar a esos otros escritores que andan en el subconsciente de Concha García. Son Walter Benjamin, Wittgenstein, Clarice Lispector, María Zambrano, Ingeborg Bachman, Séneca, Dorothy Parker, Jim Thompson, Marguerite Yourcenar, Antonio Machado o las ideas entorno a la lírica de Hilde Domin y Gadamer.

Además de otras referencias literarias, como El libro del desasosiego de Fernando Pessoa, Diario de W. Gombrowicz, La vida del espíritu de Hannah Arendt, entre otras.

Todo este montón de referencias culturales -no sólo literarias- son pequeñas partes de la vida y la obra de Concha García. Solo nos quedaría un detalle para acabar de rizar el rizo de sus influencias. Y es el carácter humano, es decir, uno también crece con las personas que le rodean y eso es palpable en cualquier acto de creación que se lleva a cabo. Las personas, las relaciones humanas, son importantes para los escritores -sobre todo si son poetas-.

Esas influencias, esas experiencia, conforman ese TODO que son el motor de su poesía.

Manel Haro (texto y fotos).

domingo, 9 de diciembre de 2007

"Todo es poetizable", Concha García

La idea de estudiar a las escritoras como un grupo aparte no está basada en que todas sean iguales, o en que desarrollen un estilo parecido, propiamente femenino. Pero sí cuentan con una historia especial, susceptible de análisis, que incluye consideraciones tan complejas como la economía de su relación con el mercado literario; los efectos de los cambios sociales y políticos en la posición de las mujeres entre los individuos y las implicaciones de lis estereotipos de la escritora así como de las restricciones de su independencia artística.

Elaine Showaler

La contemporaneidad del poeta está en un cierto número de latidos del corazón por segundo que indican la pulsación exacta del siglo (…) En la consonancia –casi física, fuera del significado- con el corazón en la época –que incluye el mío, y en los latidos del corazón de la época en el mío- con el mío.

Marina Tsviétáieva

La experiencia que me produce releer mis propios poemas es curiosa. Hasta hace poco sentía cierto prejuicio cuando repasaba alguno de mis poemarios y me detenía en un poema cualquiera. Sentía que aquello que estaba escrito formaba parte de una experiencia no necesariamente vivida por mí, aunque yo era quien lo había escrito. Tampoco era del todo cierto que se tratara de una ficción porque algo mío, sin duda, estaba reflejándose en el poema. El prejuicio era generado por una falsa modestia que en el fondo me irritaban pero que no podía dejar de sentir. Me releía y pensaba que era mucho mejor que releyese cualquier otro poema que no fuese mío, de esa manera yo misma me desautorizaba e impedía que los propios textos calasen en mí, y me revelaran su significado profundo. ¿Por qué ese miedo? Releyéndome también descubría significados que anticiparon experiencias posteriores, descubría que me conocía mejor a mí misma y que en mi conciencia había una trama de recuerdos, sensaciones, lecturas, frustraciones, deseos…
Sabemos que todos estamos gobernados por nuestras historias personales y por las de las generaciones precedentes, y solemos remontar hasta el mito que atraviesa e intriga nuestro imaginario. La poderosa tempestad que me devolvía, desordenadamente, al leer mis poemas, una historia personal filtrada por el eco de mis antecesoras, me revelaba que hablaba en boca de un imaginario que se había instalado en mi voz poética asumiendo un papel todavía tímido, pero que se emergía en el poema buscando un reconocimiento. Toda una genealogía femenina asomaba la cabeza en el texto.
Transcribo un poema escrito recientemente titulado Sin dolor, escrito durante un momento en que esperaba a alguien en casa. Yo estaba preparando la comida y me recreaba tomando una copa de vino blanco. Fue como si entre un acto y otro, una voz que también era mía, me pidiera que dejase constancia de aquél recuerdo lejano convertido en sensación. El texto surgía de las capas más profundas de mi ser.

Los primeros días
fueron un poco amargos, me refiero
a que la sensación se te ponía en la espalda
y se cumplía el designio.
Era un dolor como ajeno
un exceso de intimidad con ella,
un ir y venir de recuerdos que se tropezaban.
¿Cómo manifestarlo?
Si andabas apresurada, la calle no podía.
Si por el rabillo del ojo
entraban las esquinas adorables
hechas de cemento, claro, también
de vidrios, y qué escaparates.
Una hermosa lata de atún del sur
la sonrisa de la mujer
del dibujo, oh, qué momento,
mi madre poniendo la mesa,
había sacado del cesto cien gramos
de todo el porvenir que le quedaba.

Sin duda el poema necesitaba ser dicho, tras él había una historia larga y repetida que formaba parte de mi historia, no sólo personal, sino que abarcaba un arco mucho más amplio que tenía que ver con el hecho de haber nacido mujer. La biología prefiguraba mi destino.
Tres son las cuestiones que recorren este poema: la rememoración de una escenas remota y desgajada de mi niñez, la certeza de que soy una mujer, y una entreverada sucesión de tiempos y espacios imaginados que me llevaron a una secuencia de mi infancia, cuando mi madre llegaba de la compra y sacaba del cesto los alimentos para ordenarlos en la nevera. Aquel acto, sin yo saberlo, era un destino que se cumplía inexorablemente: el de ordenar la comida y organizar la alimentación de la familia. La madre de mi madre también había hecho lo mismo, y su abuela, y probablemente toda nuestra genealogía femenina. Ese exceso de recuerdos que se tropezaban en mi memoria se abrían paso en mi mente con una ternura insólita en la que reconocía a la niña que agradecida miraba a su madre al poner un orden en la nevera, y que sabía que por ser mujer yo también estaba destinada a esa tarea. Sólo que yo, voluntariamente, al haber adquirido la conciencia de que no quería eso, iba a detenerlo y a cambiarlo.

En un ensayo de Virginia Wolf publicado en 191 y titulado La ficción moderna, la autora inglesa habla con mucho atino de un asunto tan complejo como la conciencia, dice: “La muerte recibe una miríada de impresiones: triviales, fantásticas, evanescentes o grabadas a fuego con la dureza del acero. Provienen de todas partes, una rociada incesante de átomos innumerables (..) la vida es un halo luminoso, un envoltorio semitransparente que nos rodea desde el principio hasta el fin de la conciencia”. Nada más acertado para expresar lo que yo recibía de los poemas que había escrito tiempo antes: momentos de conciencia. Una conciencia dispersa que concentraba experiencias imaginadas y reales, no en el sentido de la realidad lineal, ordenada, figurada, que ordena los acontecimientos según un discurso aparentemente lógico. Me abría a la subjetividad y en ella yo podía sumergirme y encontrarme con fragmentos de espacios, con minúsculas secuencias temporales que caprichosamente iban de aquí para allá intercalándose sin orden aparente. De repente te veías en un barco yendo hacia Santorini, o tomada de la mano de tu hermana camino al colegio. Simultáneamente pensaba en que tenía ganas de leer tal o cual libro o que el domingo anterior no vino la visita que esperaba. Aquel vaivén de recuerdos e impresiones era el material del que estaba compuesto mi propio poema: una experiencia de primer orden que me devolvía a mí misma en un arco iluminado de pequeños instantes de conciencia.

La poesía, siguiendo a la escritora inglesa, sería el resultado de registrar todos esos átomos de conciencia a medida que se posan sobre la mente y en el orden en que caen forman un dibujo que por incoherente que pueda parecer, forma una trama de lo real. Lo real adquiría una mirada de mujer.

Mi experiencia particular debido a una serie de crisis y conflictos que me relacionan muy directamente con otras mujeres de mi cultura, se convertía en la pátina de mis poemas.

Siempre me he preguntado en qué consiste escribir como una mujer. Una de las respuestas apela al sentido formal: la mujer cuando escribe poesía desde su sujeto poético, en general no ha sido tan esclava de las formas como los hombres. Pero esa cuestión no es lo que más me interesa. Lo más interesante es que encontraba en los poemas de algunas mujeres asuntos que me afectaban y emocionaban de una manera muy personal. La poeta alemana recientemente desaparecida Hilde Domin en su ensayo ¿Para qué la lírica hoy? Escribió: “Estamos totalmente desamparados: desamparados, desamparables y desamparando, cada individuo se encuentra en el contexto como individuo, en contextos que no puede prevenir ni dirigir y dentro de los cuales tiene que renunciar –lo mismo que a la ideología- al consuelo de la teoría. Sin embargo se trata de la responsabilidad posible de cada uno en una época cuya experiencia vital esencial es la de la impotencia del individuo. Se trata de la paradoja del atenerse a la responsabilidad imposible, de la responsabilidad de quien quiere objetivar la experiencia común (…) Se trata –exigencia mínima- de denominar verazmente nuestro mundo”. En ese denominar verazmente nuestro mundo me interesaba descubrir y compartir las experiencias comunes que encontraba en otras mujeres poetas.

Me preguntaba cuáles eran las cuestiones que me ponían en guardia duando en un texto se hablaba de algo que alteraba el orden del discurso patriarcal y que, sin embargo, tenía tan asumido que a veces no era consciente.

Sabemos que el imaginario social sobre la mujer y la feminidad se constituyen a partir de la mirada y los fantasmas masculinos bajo la forma de ciertas figuras, como la mujer fatal, la mujer niña, la prostituta, o la virgen. La profesora Silvia Tubert en su ensayo Deseo y representación dice que éstas son representaciones fantasmáticas que pueblan el imaginario social tal como aparece en los mitos, las religiones, la literatura y el arte. Naturalmente la escritura poética no puede desprenderse de ese vestigio cultural con facilidad. Repetimos lo dado, cuestionarlo es difícil. Nos estamos reinventando constantemente, a cada paso que se ha dado, una hilera de libros canónicos que continúan representando el mundo desde un solo punto de vista, el patriarcal, ha derribado a los que ocupaban el estante de lo dicho desde otra voz u otra experiencia. Por ejemplo en las antologías poéticas publicadas en España, sobre todo en los años ochenta y noventa, resultaba curioso que en casi ninguna coincidiera la misma poeta. De lo que se deducía que los nombres de las pocas seleccionadas en algunas antologías se dispersaban y no se fijaban como el de los varones poetas. Podemos echar mano de cualquier antología publicada en España y se comprobará lo que afirmo.

Existe una experiencia común en casi todas las mujeres de mi generación. Se nacía con un futuro ya predeterminado social y culturalmente que se reducía a dos cuestiones: casarse y tener hijos. Lo demás, la vida en su experiencia más gratificante que es el ejercicio de la libertad, se le negaba a la niña. Las cosas ahora no son así. Pero lo fueron y deben quedar escritas. Hay que denominar verazmente el mundo. En un poema de la poeta norteamericana Sharon Olds (1942) se refleja muy acertadamente lo que digo.

Yo me remonto a mayo de 1937.
Les veo, de pie, a las puertas rituales de sus universidades,
veo a mi padre paseándose
bajo el arco de piedra arenisca, color almagre,
los azulejos rojos centelleando
como torcidos platos de sangre detrás de su cabeza,
veo a mi madre con unos cuantos libros triviales a su lado,
de pie, donde la columna hecha de pequeños ladrillos,
con la puerta de hierro forjado todavía abierta detrás de ella,
sus puntas de espada negras en el aire de mayo;
están a punto de graduarse, a punto de casarse,
son chavales, son tontos, lo único que saben es
que son inocentes, nunca harán daño a nadie.
Quiero acercarme a ellos y decir, ¡alto!
No lo hagáis: ella no es la mujer
él no es el hombre que quieres, haréis cosas
que no podéis imaginar jamás haríais,
haréis cosas malas a niños,
sufriréis de manera inconcebible,
querréis morir. Quiero
acercarme a ellos allí a la luz solar de un mayo tardío y
decírselo,
la cara de ella, deseosa, bonita y vacía volviéndose a mí,
su pobre cuerpo hermoso, no tocado,
pero no lo hago. Quiero vivir.
Les recojo como esas muñequitas de papel,
hombre y mujer, les empujo uno contra el otro
por las caderas, como astillas de pedernal como para
encender una chispa de los dos, digo:
haced lo que vais a hacer, y yo lo contaré.

La autora se sitúa en una posición temporal en la que puede ver a sus padres antes de casarse y desea advertirles de que es un error lo que van a hacer. El poema está lleno de imágenes que simbolizan su futuro sombrío (azulejos centelleando, platitos de sangre, libros triviales, puerta de hierro forjado, puntas de espadas negras). Ella no puede hacer nada para detener el propio devenir de la existencia. Sabe que la escritura se encargará de relatarlo y de transformarlo. Sabe que ésa es su obligación, que así nombrará “verazmente” el mundo. Lo nombrará, lo modificará.

Y así está ocurriendo. Las bodas ya no significan lo mismo que cuando yo era una adolescente, al menos me parece que quien se casa lo hace por propia elección. Aunque tampoco estoy segura de que el significado profundo de los compromisos que se adquieren por presiones culturales haya cambiado demasiado, pienso que no.

Una de las cuestiones que me gusta de la poesía escrita por mujeres en los últimos años es que se ha desprendido de varios clichés con los que nos identificaban. Me molesta que se haya explotado tanto la imagen de la mujer transmitida a través de su propio cuerpo. O se era amante (aunque fuese lesbiana) o se suicidaba. Tenemos ejemplos de sobras que se han convertido en un icono: Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Silvia Plath o Anne Sexton. Ese tipo de poeta, poseída por un alma atormentada (y es cierto, ha sido necesaria esa “aniquilación” para darse cuenta de que por ahí no era el camino) fue la antorcha que iluminaba el sendero de iniciación poética de muchas jóvenes, empezando por mí misma. Sus vidas ejercían una seducción fatal que estimulaba la creación. En el aire quedó eso, y eso es lo que respiré como lo canónico de las mujeres que escribían.

Quedó, en la poesía escrita por mujeres, una fatalidad de destino engañosa y algunas veces perversa. No es por ahí donde una encuentra esa voz de mujer. La encontramos, por ejemplo, desvelando las estructuras simbólicas que han contribuido a crear una concepción del género femenino conducente a la perpetuación de la inferioridad de las mujeres. Porque de lo contrario, nos situamos ante una falta de definición, en lo que yo llamo crear una expectativa. Se espera “eso” no otra cosa: muerte y juego con el cuerpo. De eso mismo se nutre el propio discurso de lo llamado femenino. La expectativa es otra. Me gusta pensar en proyectar una mirada menos sexualizada, menos connotada por la secuela histórica, que me rescate de la invisibilidad y el silencio. Me gusta la poesía que ilumina nuestro papel en la historia y en la actualidad, desde muchas perspectivas: liviana y sutil, penetrante y múltiple. Que juegue e indague, que posibilite otra visión de la realidad y sea común a hombres y mujeres. La poesía al fin y al cabo suscita lo que nos parece familiar por haberlo conocido en una memoria remota.

Un poema de la poeta norteamericana Adrienne Rich (1929), expresa perfectamente y con ironía la semblanza de esa mujer que nos antecede.

Golpeando la cafetera en el fregadero
ella escucha a los ángeles increpantes, y mira hacia fuera
al confuso cielo más allá de los jardines rastrillados.
Hace solo una semana le dijeron: No seas paciente.
La próxima vez fue: Sé insaciable.
Luego: Sálvate a ti misma, no puedes salvar a otros.
A veces he dejado que el agua hirviente le queme el brazo
que un fósforo arda hasta quemarle la uña del pulgar,
o ha dejado su mano en el escape de la tetera
justo sobre el vapor caliente. Quizá sean ángeles,
puesto que a ella ya nada le hace daño, excepto
la arenisca matutina que se le mete en los ojos.

Es interesante la propuesta estética de este poema. Para empezar comienza con la imagen de una mujer golpeando la cafetera (los utensilios del hogar representan el mundo femenino, pero ella lo subvierte). Continúa reflexionando mientras mira el cielo, más allá de los jardines rastrillados, ordenados. Los mandatos recibidos por su mera condición de mujer: insaciable, impaciente, salvarse a sí misma… son cuestionados. Al mismo tiempo comienza el día simbolizado por el acto cotidiano de preparar un café. El último verso revela el contenido real del poema: la mujer expresa un dolor del que no puede despegarse y que comienza al amanecer, ¿el dolor de existir?

Este poema me da una idea veraz de lo que siente cualquier mujer cuando se cuestiona le mundo en toda su dimensión de lo real. No hay nada que sobre ni que falte. Tampoco encontramos lirismo. Eso me gusta. El exceso de lirismo no lo es un rasgo distintivo en la poesía escrita por mujeres.

Otro ejemplo de poema, menos prosaico, en el que la mujer es relatada desde varios ángulos, nos lo da la poeta polaca Wislawa Szymborska (1923).

Lo que más me gusta de este poema es la seguridad con la que la autora perfila varias representaciones de mujer y la reflexión sobre las mismas desde distintas perspectivas y posibilidades. Es un poema que se ajusta correctamente a nuestra diversidad. No existe temática femenina única: la soledad, las cuestiones metafísicas, metapoéticas, eróticas, el amor y el desamor… son temas tratados por cualquier poeta.Tampoco la poesía escrita por mujeres tiene un tono concreto, hay poetas que escriben de una manera desafiante, otra testimonial, o carnavalesca, o con tonos amargos, o llenos de ironía.

Retrato de mujer
Tiene que ser para elegir.
Cambiar para que no cambie nada.
Es fácil, imposible, difícil, vale la pena intentarlo.
Tiene ojos, si hace falta, a veces grises, otras azules,
Negros, alegres, llenos de lágrimas sin motivo.
Se acuesta con él como primera fila, la única en el mundo.
Le da cuatro hijos, no le da hijos, le da uno.
Ingenua, pero da buenos consejos.
Débil, pero no puede con la carga.
No tiene nada en la cabeza, pero lo va a tener.
Lee a Jaspers y revistas femeninas.
No sabe para qué ese tornillo y construye un puente.
Jove, como de costumbre joven, constantemente joven.
Tiene en la mano un gorrión con el ala rota,
su propio dinero para un viaje largo y lejano,
un cuchillo, una compresa y un vaso de vodka.
A dónde va con tanta prisa, ¿no estará cansada?
Claro que no, sólo un poco, mucho, no importa.
O lo ama o está encaprichada.
En las buenas, en las malas y por el amor de Dios.

El poema funciona porque abre las posibilidades del significante, las estira y abarca una mirada amplia que focaliza en el hecho de ser mujer. Los versos sugieren y explican gracias a las paradojas que nos plantea la autora. La mujer está perfectamente perfilada y explicada en un arco abierto de posibilidades que cuestionan la autoridad patriarcal, siempre repetitiva cuando se ha tratado de construir, como he dicho antes, el imaginario femenino.

Cuando alguien lee poesía, la mayoría de las veces, no se cuestiona todos esos asuntos que estoy exponiendo. Sé que el poema funciona o no funciona y que raramente una puede explicarlo sin tener en cuenta las dosis de ¿irracionalidad? Que encierran algunos poemas. Muchas veces me pregunto para qué sirve un poema. Decía Freud en su ensayo El malestar de la cultura: “No podemos por menos de suspirar desconsolados al advertir cómo a ciertos hombres les es dado hacer surgir del torbellino de sus propios sentimientos, sin esfuerzo alguno, los más profundos conocimientos”. Donde no llegaba él mismo, llegaba el poeta. Desde luego la poesía ayuda a que la subjetividad y la conciencia se abran. Como escribe muy acertadamente Antonio Méndez Rubio “la poesía tiene entonces que ver con la emergencia de un sentido que no ha de ser comprendido sino producido: un acontecimiento que hace de un agujero un lugar para la vida”.

El poema, cuando funciona, nos devuelve mucho de nosotros mismos, de nuestras certezas y dudas, de nuestra condición efímera, de nuestro concepto de la belleza. Como apunta Hans-George Gadamer: “El significado está en las palabras del poema y no en lo que uno haya dicho sobre él. La interpretación culmina en la desaparición del intérprete y en la presencia exclusiva de lo interpretado”. Lamentablemente como lectoras hemos aprendido a desconfiar de lo que se muestra como verdad universal y muchas poetas hace tiempo que se cuestionan la revisión de los mitos, de la historia, de la cultura, del erotismo, de la relación con el otro o la otra, justamente para completar las malversadas imágenes literarias de las mujeres. Sostiene Heléne Cixous, que en literatura, la feminidad se puede distinguir en la primacía de la voz: voz y escritura se funden en uno. La mujer que habla es enteramente su voz: “materializa físicamente lo que piensa, lo que indica con su cuerpo. En otras palabras, la mujer está total y físicamente en su voz, y su obra escrita no es más que una extensión del acto de hablar reflejo de su propia identidad. Es cierto, en algunas poetas esto se ve muy claramente.

Veamos dos ejemplos. Primero elijo un texto de la desaparecida poeta uruguaya Marisa si Giorgio (1932-2004) perteneciente a su libro “La liebre de marzo”.

“Andaba erizada, temblando, me tenían de un ala; había gran espanto y zozobra, giré en el aire, pasé de rama en rama, transcurrió una noche bravía. Un mercado, una luz azul. Un hombre cruzó sobre sus zapallos, (rosados y dorados, como la luna), con su extraordinaria juventud, salió de entre las naranjas; había una muchacha acostada, blanca como espuma, y otra mujer, madre de esa muchacha.
Para peor, domingo al mediodía, luz radiante, giré, mirando, huyendo. Ya era tarde.
Decían que yo había nacido.
Vi cómo me miraban, me llevaban; a otra cosa, y traían leche, yuyos y muñecas.
Por donde había errado libre, durante siglos, desde siempre, entre las plantas, alelíes, aralias, pusieron otra planta y la llamaban marosa”.

El lenguaje se libera de recursos retóricos convencionales, el significante se amplía gracias a la voz poética que es capaz de salir de sí misma para hacernos partícipes del relato del nacimiento de la autora. En ese texto podemos notar un espacio abierto, lleno de colores diversos, el brillo que proyecta el poema llega hasta quién lo lee, celebra un acontecimiento. En realidad las palabras han dibujado una estela de sensaciones porque la perplejidad de ese yo que encajan en lo que se dice. No hay que ensamblarlas. Texto y escritura se unen. Veamos otro ejemplo de la misma autora.

“Lo más singular era la olla. Estaba rota, tirada entre
las piedras y las plantas. Pero, la abuela, a veces, hacía
un cocido en ella. Una sopa de alelíes. Y gusanos. Unos
afelpados, de un granate intenso, que, al cocinarse, se
volvían mucho más brillantes.
Esta sopa era servida a deshora. A las tres de la tarde
nos llamaban.
Íbamos a la escuela nocturna.
La maestra, desde el púlpito, enseñaba números, letras.
Pero dibujábamos en los cuadernos, cosas absurdas.
Y nuestro atuendo, también, era muy raro, coronas de cristal.
Alas levísimas”.

El segundo ejemplo es un texto radicalmente distinto. Se trata del último poema que escribió la escritora austriaca Ingeborg Bachmann (1926-1973). Ante la crisis que sintió cuando tuvo la certeza de que las palabras no podían decir lo que ella esperaba de ellas, decidió dejar de escribir poesía. “Nada de delikatessen” plantea una verdad para la autora en la que subyace la decisión de renunciar. Ante la imposibilidad de dar con la palabra justa, se antepone a su propia necesidad de escribir simbolizada en el sujeto que en el último verso decide “perderse” de ella misma.

Ya nada me gusta.
¿Debo
ataviar una metáfora
con una flor de almendro?
¿crucificar la sintaxis
sobre un efecto de luz?
¿Quién se romperá la cabeza
por cosas tan superfluas?
He aprendido a ser sensata
Con las palabras
Que hay
(para la clase más baja)
hambre
deshonra
lágrimas
y
tinieblas.
Con los sollozos no depurados,
Con la desesperación
(y desespero de desesperación)
por tanta miseria
por el estado de los enfermos, el coste de la vida,
me las arreglaré.
No descuido a la escritura,
Sino a mí misma.
Los otros saben
Dios lo sabe
Qué hacer con las palabras.
Yo no soy mi asistente.
¿Debo
Aprisionar un pensamiento
Llevarlo a la iluminada celda de una frase?
¿Alimentar oídos y ojos
Con bocados de palabras de primera?
¿Investigar la lívido de una vocal,
averiguar el valor de amateur de nuestras consonantes?
¿Tengo que,
con la cabeza apedreada,
con el espasmo de escribir en esta mano,
bajo la presión de trescientas noches
romper el papel,
barrer las urdidas óperas de palabras,
destruyendo así: tú y yo y él ella lo
nosotros vosotros?
(Que sea. Que sean los otros)
Mi parte, que se pierda.

El poema es largo. No sobre nada, todo es necesario. Cuerpo de escritura y escritura que se escinde en un cuerpo (alma) en crisis. No hay mentira, Bachmann nos muestra lo real: su impotencia, su clarividencia, su miedo, su seguridad en esa inseguridad. La renuncia es otro de los grandes temas relacionados con la mujer, de ahí la tendencia a identificar la poesía con el sufrimiento y más las poesía escrita por mujeres en general. Existen excepciones, claro, pero pocas. La alegría de vivir ha sido transmitida por pocas mujeres poetas. Pensemos. Hemos tenido que decir muchas cosas, hemos tenido que morir muchas veces, hemos tenido que maltratarnos, que suicidarnos, que entrar de puntillas a los salones literarios, hemos sido representas bajo una ausencia absoluta de nuestra propia perspectiva de mujeres en los grandes relatos culturales. Soy consciente de que le poesía, me temo, acabará siendo un espacio sólo para unos cuantos, desaparecerá el binomio: hombre, mujer. También muchos lectores, al menos en nuestra civilización “globalizada” comprenderán otros símbolos y tendremos que reinventar un lenguaje que sea accesible todos y todas. Hay que darle la vuelta de tuerca a las palabras y decirle al poeta que ya no es sólo, como advirtió Gadamer, el transmisor de una sabiduría que consiste en balbucir y enmudecer porque cree en la infinitud de aquello que no consigue decir, y precisamente porque no se consigue empieza a resonar en el otro. También somos responsables de producir belleza, le belleza de las cosas que se esconden, tras cada soledad, tras cada desarraigo, tras cada extrañamiento. El lenguaje de la poesía también para transgredir lo útil, para desarmar los edificios perfectamente construidos, para poner en duda casi todo. Porque todo es poetizable.

Para terminar, me gustaría dejar constancia de este poema de la poeta argentina Susana Thénon (1935-1991) editado en su poemario Ova Completa (1987) me gusta mucho por su capacidad de poner en duda el edificio cultural en el que habitamos.

Vos
que leíste a Dante en fascículos
te dejaste llevar
por esos dibujitos
a los que llaman miniaturas iluminadas
y te tragaste todo
todo
de pe
a pu
pero es mentira
ese complicadero del infierno es pura macana
hecha a propósito para hacerte perder el tiempo
en calcular a qué círculo irán a dar
los huesos de tu alma
¿y sabés una cosa?
este famoso averno
es de una sencillez admirable
que no se balde su señor es astuto
llegás allí y te dicen
sos libre
andá y hacé lo que te dé la gana.
Concha García.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Presentación de "Ya nada es rito y otros poemas"

El pasado jueves, 15 de noviembre, la poeta Concha García presentó su último libro, Ya nada es rito y otros poemas, en la Facultad de Filología de la Universidad de Barcelona. La presentación contó con la intervención de Rosa María Belda, Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia, que ha prologado el poemario de Concha García. Además, Rosa María Belda es autora del libro La poesía de Concha García, estudio crítico de su obra, publicado por Ediciones Litopress (Córdoba, 2006).

Rosa María Belda comentó los rasgos esenciales de la obra poética de Concha: la cotidianeidad, las situaciones ilógicas, la búsqueda, la mirada descentrada, la otredad, la horizontalidad...

La poeta hizo una lectura de algunos de sus poemas, que sirvió para ejemplificar las palabras de Rosa María Belda.

Después de esta primera parte, Manel Haro (Licenciado en Filología Hispánica), hizo una exposición donde comparó algunos de sus poemas con transparencias de cuadros de Remedios Varo y Edward Hopper. Fue la oportunidad de hablar de la poesía de Concha García a través de dos grandes maestros de la pintura.


Aquí un par de ejemplos:

Summer Interior, Edward Hopper


Cuando la cuna de la memoria

forma pasos con la desidia

y el cuerpo almacena escenas

de tierno contenido, yo me voy

donde ella no está.

Papilla estelar, Remedios Varo


Tu niebla de mujer

trae enseres a mi creencia,

yo, que casi sola,

he creado el mundo.